Tengo infinidad de relatos que empecé en su momento y sufrieron una muerte agonizante, fueron saqueados sin piedad por otros relatos, personajes abducidos sin ninguna gratificación, o grandes arcos argumentales tirados, no sin gran pesar, a la basura.
Todo puede suceder, pero sin duda alguna, lo peor que le puede ocurrir a una historia, independientemente de su extensión o las veces que se puede dejar olvidada en una vieja libreta o perdida como un fichero anónimo en algún disco, es cambiar de forma drástica de género.
Un personaje que se convierte en tránsfuga como fruto de una idea feliz rara vez tiene el final esperado.
Todo ocurre por una razón, los personajes han de tener un pasado y sobretodo una personalidad que explique su comportamiento. No se pretende que el personaje "cobre vida" o bien intente forzar al lector a identificarlo con una persona real, aunque es algo deseable poder meter al lector en la historia, hacerle participe de algún modo de ella y tenerle lo más consciente del estado de los personajes como un modo para lograr ese peculiar fin.
No hay que esperar que los personajes desarrollen sobre la marcha la aventura épica de sus vidas, ha de existir un firme trasfondo desde el inicio. Si la historia finalmente evoluciona en otro sentido es un riesgo aceptable.
En la larga marcha, la lectura de cuánto termine en tus manos es fundamental, al igual que documentarse sobre las tramas. Quizá no lo necesites en esta ocasión pero puede ser la fuente de inspiración de mañana.
Se ha de ser consciente en todo momento que la escritura es una disciplina de constante aprendizaje y que las técnicas y modos de expresar aquello que nada en la mente requiere esfuerzo y práctica continua.
Existe un problema fundamental que es preciso resolver para evitar tener algún que otro dolor de cabeza. Las ideas suelen ser fugaces, esquivas y sobretodo caprichosas y por lo generla necesitan ser plasmadas lo más pronto posible para evitar perder su esencia, su significado.
Lo que en la mente parece ser tan claro y simple, resulta ser con frecuencia difícil de plasmar tal cuál con palabras. Probablemente se deba a que pensamos en representaciones en lugar de palabras.
Y cuándo creemos haber trasladado con éxito nuestro castillo de naipes, el tiempo nos muestra una imagen diferente. Releer un texto, sobretodo si ha llovido lo suficiente desde que fue escrito, es todo un reto si al terminar continuamos contentos con él.
Del mismo modo, es sumamente recomendable dejar leer algo a (des)conocidos en los que tengáis la suficiente confianza de que serán sinceros en sus juicios. La familia o personas más próximas no suelen ser un gran indicador de la calidad de la obra. ¿El motivo? Bien simple, regocijarse o vituperarse en vano es algo todo el mundo sabe hacer perfectamente por si mismo ;)
Un consejo: que la timidez o el temor al fracaso no sean un impedimento para ello pues sin las críticas es prácticamente imposible mejorar.
Las pruebas, personajes, situaciones y escenarios terminan colgando en algún lugar, a la espera de ser rescatadas en un futuro incierto.
Como conclusión, recordad que no estáis leyendo las palabras de un reconocido autor que cuenta en su haber innumerables bestsellers o premios que podrían comprar una gran casa con jardín. Simplemente se trata de un paranoico que descarga este texto directamente de su cabeza a su cajón de sastre con la esperanza remota de que le pueda servir a alguien :)
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