La tecnología y el paso del tiempo no había conseguido cambiar los rudimentos de una sociedad humana. El nivel de tecnología presente no importa en absoluto, no es un factor importante.
Recuerdo cuando mi abuelo mencionaba continuamente las palabras de su padre. En aquellos tiempos era joven y por estar distraído con alguna memez propia de su edad no pude apreciar el valor de lo que intentaba transmitirme. Hablaba de los tiempos previos a la post-revolución industrial en los que la gente que vivía en las ciudades no se preocupaba del bienestar más allá de pequeñas comunidades.
Y como dijo una vez un sabio: el ser humano es egoísta por naturaleza, tiene unas necesidades básicas a satisfacer que le impulsan a lo largo de todas las etapas de su vida y poco le importa como llevarlas a cabo mientras no interfieran unas con otras.
Siguiendo este peculiar razonamiento el sabio declaró que no existe una persona realmente desinteresada porque en lo más oscuro de su mente espera que si hace siempre lo que considera correcto alguien le pagará con la misma moneda. Incluso existía una palabra para definir esta entelequia: karma.
Las comunidades se podían estudiar como organismos por derecho propio con requisitos y obligaciones. Tales agrupaciones siempre surgidas del impulso de colaboración mutua con el fin de suplir las carencias comunes y obtener la fortaleza de un grupo frente a un amenazador e injusto mundo u otros grupos.
Tras la muerte de tan polémico personaje, sus seguidores no dejaron morir sus palabras y participaron de ellas constituyendo una escuela de pensamiento.
Como si los fieles discípulos se hubiesen planteado no decepcionar la memoria de su mentor, fueron plasmando sus ideas en publicaciones y sobretodo mediante el boca a boca. Siempre con prudencia, de forma discreta pero continua, con todos los medios que tuvieran a su alcance y sus palabras fueron arraigándose en todos los círculos sociales e incluso en las comunidades más independientes, como si de saber popular se tratase.
He visto cometer atrocidades que vosotros nunca creeríais en nombre de la verdad y el progreso. En estos tiempos todo está depurado, todo está limpio y perfectamente orquestado para ocultar lo que un día fue evidente.
No obstante, os transmitiré, hijos míos, una porción de conocimiento que siempre me ayudó a la hora de la verdad: Hace miles de años se llegó a una conclusión invariable que parecía ser cierta en cualquier contexto, la información es poder.
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